
VICTORES DE LUNA LLENA
- Joaquin Delgado Bueno
- Feb 28, 2021
- 3 min read
Updated: Feb 6, 2022
Literatura, Relato corto con historia ancestral.
VICTORES DE LUNA LLENA.
La columna vertebral que sostiene los más bellos paisajes llenos de romanticismo verde,
En esta noche de luna llena, son iluminados suavemente con su luz Blanca y tierna que hace crecer aún más con su sombra los finos nogales que en la delgada cima se baten con el viento que llega desde el cañón del chicamocha, la surtida falda que engalana la vereda macanas, suele hacer recordar las casitas de luces del pesebre navideño donde nuestra vista se deleita con los rayos de luz que salen confundidos con el humo de las cocinas de leña de la familia, Duarte, de la familia Gamboa, de los Jaimes hijos de don Baldomero, de don Marcos Rey, Nabor y del impetuoso Restaurante los pinos de don Luis Jaimes, si desde el corredor de mi casa se ve bajar el bus que a las nueve de la noche ilumina la angosta carretera con su chorro de luz y destella sus rayos hacia otras lomas cuando es obligado a marcar las curvas que lo llevarán a Málaga.
Mientras la luna llena va girando y esquivando las blancas nubes que suben hacia el páramo, solo se oye el cantar de los grillos, las chispas intermitentes de las luciérnagas que aprendimos a llamar candelillas, y una y otra vez el búho hace escuchar su tenebroso cantar que pone a dormir con miedo aquel niño que no quiere conciliar el sueño, al otro lado y más al oriente la luz de la bella luna que ilumina con fuerza el empinado cerro del canelo deja ver en las sombras la luz de una que otra casa de familias de personajes respetables como don Isidro y Marcos Martinez, donde don Roberto jaimes, la casa alta de don Inocencio Rey la curva de Romualdo Jaimes y de don Alfredo Guevara, es para mí el mejor paisaje nocturno, si aquel que nunca se a perdido en el tiempo, aquel que permanece en la mente de cada uno de nosotros, aquellos que después de la cena nos sentábamos en el corredor de la casa a echar cuentos y a deleitar esa; Si la noche nocturna más hermosa, aquella que no a perdido su romanticismo aún, pero que sí nos a perdido a nosotros aquellos que nos fuimos de esas tierras, aquellas que aún siguen esperando de nuevo nuestras miradas, noches que aún se tornan humildes, tiernas y silenciosas como si tal vez siguieran esperando que los viejos abuelos de estas lomas volvieran del más allá a echar humo con sus tabacos puyana, a echar cuentos y a protegerse del frío abrasador con las ruanas de Lana de color marrón o de cuadros, si esos viejos que siempre preservaron esas tierras bellas y hermosas, aquellos que trataron por todos los medios que sus hijos, nietos y bisnietos nunca se fueran de esas benditas casas viejas de paredes pisadas, de techos de teja y barro de gruesas vigas, si aquellas casas que hoy claman por no ser derribadas y piden los retoques de cal o carburo, esteras de caña brava y corredores de cemento.
Hoy nos llena de sentimiento recopilar verdades, si verdades innatas que nunca se Irán de nuestras veredas, aquellas que en la mañana después de la luna llena recibían con verdor los primeros rayos del sol, aquellas lomas que con el yaragüa florecido de rojo, hace olas hacia la cima cuando el viento sopla desde el cañón, aquellas lomas de ficales frondosos que a las siete de la mañana empezaban a vibrar con los ensordecedores ecos que emitía el cilindro de la máquina de raspar fique, aquellas lomas que se tornaban verde oscuro por los sembrados de yuca y maíz, aquellas lomas que levantaban olor a hierba quemada cuando se preparaban con guarda rayas los terrenos para sembrar fríjol.
Son sonatas, pedazos de canción, poesía matizadas de recuerdos que hacen vibrar los corazones de aquellos que como yo crecieron en el apogeo de la humildad y la dulzura de nuestra tierra suaqueña.
Autor: JODELBU.






















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