LA ETERNA Y SOÑADA IDEA DE UN TRANSFORMADOR
- Joaquin Delgado Bueno
- Sep 30, 2022
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Los años 80 y 90 para la gente del municipio de Santa Bárbara en el departamento de Santander, marco un lugar especial en esta historia, época donde nuestro Municipio se movía bajo el ritmo de pasar de corregimiento a municipio por tanto muchas experiencias vividas en estas dos décadas, como municipio se vio un movimiento permanente de gente que visitaba el área urbana, tratando de interpretar cual fue el caserío que le quitaba ese poder al “lugar a donde solo llegan los dioses” según la lengua Guane o sea a Umpalá, un grupo de personas entre líderes campesinos, líderes sociales y líderes educativos, ingresaron a formar parte de ese duro caminar de institucionalizar Municipio, a mí por ejemplo con otros jóvenes nos tocó la parte dura ayudar a empujar el Instituto agrícola Rafael Ortiz Gonzales a que tuviera una educación media vocacional completa, era un tesoro que nos habían dejado otros compañeros alumnos que ya habían pasado por los primeros años y tuvieron que emigrar a otros municipios a terminar su bachillerato.
Y como decía el gobernador que nos pasó de corregimiento a Municipio, siendo Gobernador de Santander, hijo ilustre de nuestro municipio: “Tierra arisca y metálica- donde se siente arder, la vida como un corazón de mujer, y la muerte, como un humano corazón” (…) “Este es el Santander de la hidalguía, el mismo de la humana bizarría, luz de la valentía (…)la tierra capitana, con algo de meseta castellana y un mucho de Vasconia en su ademán, con sus montes de roble y de macana, que engendraron el alma del titán”. Así el gran Político y Poeta RAFAEL ORTIZ GONZALEZ, Amaba cada uno de nuestros riscos y peladeros de esta tierra SUAQUEÑA, aquel poeta que también decía: Quien lee poesía está abriendo las puertas del alma, pero quien la escribe está alumbrando el interior de ese recinto insondable que se esconde tras esas puertas cerradas; muchos mueren sin jamás haberlo visto. Ortiz González no es un bardo complejo ni oscuro, sus versos son francos y fiel reflejo de las vibraciones de su psiquis arrolladoramente humana. El entrañable uruguayo, Mario Benedetti, dijo que la “poesía es el género de la sinceridad última e irreversible”; y esto toma forma concreta en la obra de Ortiz, que acaricia querencias, temores y angustias vitales, como pintando en letras las agudas aristas de su carácter: “Amo las cosas tristes porque encuentro con ellas una afinidad oculta (…) Amo la soledad de los caminos que hacia ninguna parte me conduzcan. Y más que al tedio y al dolor de un siempre, prefiero un nunca” (Divagaciones).
Hoy yo honro este gran legado de este iniciador, por tanto mi interés ha tomado un rumbo fijo investigar historia de mi municipio, Crear poesía y cuento, narrar historia y aportar culturalmente a un municipio que requiere de ese granito de arena.
Para acceder a esta provincia desde Bucaramanga, hay que desplazarse hasta Curos para, después, recorrer las inciertas y maltrechas vías que la atraviesan. Pero antes, hay que pasar por las veredas El Roble, la Vega y la Ceba (de inagotable e imperecedera Niebla). Posteriormente, la carretera serpentea hasta el río y se llega al Tope, lugar donde los choferes de camión o bus hacen su respectiva parada. Allí, es tradicional comerse una empanadita de queso. La mayoría sigue su camino hasta adentrarse a los territorios de García Rovira. Pero justo ahí, en el Tope, hay un desvío de carretera pavimentada, que finaliza en un pequeño pueblo llamado Santa Bárbara.
Ortiz González tiene una cultura clásica, un poco formalista, que le permite desarrollar un poema con fluidez y encanto. Y, además, es un lírico potente. ¿Son estas las condiciones exclusivas para lograr una poesía de contenido universal Lo dudamos? Se requiere más parvedad, menos palabras, más corazón desolado y contrito frente al mundo, menos imágenes y mayor conturbación y pasmo. Y este poeta lograría esa poesía del despojo y eternidad, si economizara lenguaje, se hundiera más en sí mismo antes que continuar una obra de árbol con arquitectónico follaje, pero sin la sangre, la agonía, el pathos que nubla y se convierte en verdad promisoria en afirmación de la vida y de la muerte. Leamos un poema de este libro que parece ser como una clave de esta poesía furiosa, amorosa, pero que no logra la plenitud a que anhelamos los amigos del poeta quien decía en sus poemas:
EL CEMENTERIO VIVIENTE
¡La vida, el hombre, el mundo, el amor implacable,
la conciencia y el sueño, el orbe subconsciente,
lo asible y lo inasible, lo presente y lo ausente
y todo, en su recóndita entraña formidable,
son lo mismo que un hondo cementerio viviente
Nada en la superficie de los mundos se advierte
y nada sobre el alma de la estirpe suicida,
pero en el mundo solo vive y triunfa
la muerte que es la única forma inmortal de la vida.
El pensamiento es una libélula impalpable
que le nació en la noche del tiempo interminable
al hombre mudo y ciego en medio de la frente.
Más todavía prosigue inmerso en su mutismo,
como los fuegos fatuos ante la tumba ardiente,
como la estrella frágil en medio del abismo.
Todo se halla cerrado cual dintel de granito,
como un túnel nocturno que encierra un aire denso.
La latencia está intacta como un cerrado grito.
El universo es uno, disperso e infinito
y el cosmos vive y arde como un sepulcro inmenso.
Un cementerio vivo de seres inmortales que
se transforman siempre en conciencia y en cosas,
y que van desde el hombre a los mundos astrales,
y vuelven de los astros como ocultas señales
a encarnar en gusanos o a florecer en rosas.
Rafael Ortiz G.





















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